sábado, 18 de septiembre de 2010

CUANDO TODO ERA VERDAD Y DIFERENTE


Tumbados sobre la hierba boca arriba
veíamos pasar bicicletas de espuma,
circos de fieras, algodones de azúcar.

Veíamos cordilleras rocosas, puntiagudas,
le poníamos nombre a las estrellas
ignorando que todas estaban bautizadas
y uníamos las manos como si el acto fuera
una firma de honor total, definitiva.

Éramos tan niños, íbamos tan seguros por la vida
que nada se interponía entre todo y nosotros.
Era un mundo que no tenía parecido con nada.

Pero la edad pasó y nos dejó mirando hacia otro lado.
Y pasaron las nubes, que ya solo eran nubes,
y en el cielo quedaron estrellas fluctuando
y pasaron a ser desconocidas;
la señal de nuestros cuerpos en la hierba
son dos metros cuadrados de un chalet pareado
en el que algún desconocido hace planes con vistas al futuro.

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