viernes, 15 de octubre de 2010

DEL CORO AL CAÑO



Ya no canto.
Ya tan solo articulo incoherencias yendo del tanto al canto,
del cuándo al cómo, del qué y del dónde y después del cuánto
todo son impertinencias.

Y tampoco me confundo con la noche
ni los derroches de amor son tan fecundos,
ni traspaso medianías donde el stop me indica
que está prohibido el paso,
ni hago reproches, ni sueño con malvadas sodomías.

Ya voy sin tropezar del coro al caño,
sin confundir los coños ni las eñes
y soy toda obediencia a las costumbres.

Ya no escribo.
Ya no compongo ripios en prosa ni en poesía
ni me desvelo buscando una palabra hermosa
para hacer el verso que me acelere el pulso.
Ya solo soy una persona seria que ha echado sus raíces en la era
y ha sentado la cabeza en el umbral de las antagonías
y a cada cierto tiempo pisa una huella
por ver si encuentra el molde perdido de un zapato.

Ya no tengo zapato ni tengo huella.
Ni canto ni hago versos ni ripios ni poemas.
Ya voy sin errar del coro al caño. Ya no soy Cenicienta.

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