viernes, 31 de diciembre de 2010

E N E R O (de Anuario Apócrifo)


Enero despertó después de un largo eructo de champán con burbujas
y vomitó la poca vida transcurrida sobre un sucio inodoro que se tragó su asco.
Fue una larga noche aquélla de más de trescientos sueños
encadenando vidas, proyectos, borracheras…

Enero se incorporó después del llanto, se despobló de brumas,
se alisó los cabellos,
se deshizo del manto de nieve gris que lo cubría
y se dispuso a ser un hombre nuevo, un año nuevo que sin saber qué hacía,
comenzaba un camino de ida sin regreso.
Pero Enero no es hombre ni mujer ni hermafrodita.
es un niño nonato que aún no sabe de prisas
y se adentra sin miedo en un paisaje desconocido y yermo
y pisa con temor desconocido el terreno que pisa.
Se clava las aristas, se duerme sobre el fuego,
se resquebraja y muere de añoranzas
cuando apenas comienza a conocer un día nuevo.

Y de pronto es un compás de espera acelerado
y un libro sin páginas y mal enumerado
y un idioma que nadie se ha inventado
y una Nada completa que carece de historia.
Desde aquí hasta el final, desde este primer día y hasta la última hora,
todo cuanto puede alcanzar su memoria es que echaba la vida
sobre un inodoro ennegrecido y sucio vomitando la noche.
Todas las noches, todas las vidas, una tras otra
como si nunca otra cosa hubiese sucedido.



Este poema se escribió en otra década.
Los versos son los mismos, el tiempo también.
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